¿En Cuaresma no se cantan las oraciones de la Misa por razones penitenciales?

En cierta parroquia un compañero sacerdote comentó: “En la Cuaresma los sacerdotes no cantan las oraciones de la Misa por penitencia”. ¿Es realmente así?

La Ordenación General del Misal Romano, n. 40, enseña:

“Téngase, por consiguiente, en gran estima el uso del canto en la celebración de la Misa (…) Aunque no sea siempre necesario cantar todos los textos que de suyo se destinan a ser cantados, hay que cuidar absolutamente que no falte el canto de los ministros y del pueblo en las celebraciones que se llevan a cabo los domingos y fiestas de precepto (…) Prefiéranse aquellas partes que son más importantes, y en especial, aquellas en las cuales el pueblo responde o canta al unísono”.

1. El canto litúrgico como profesión de fe

El canto litúrgico es una profesión de fe. No debe entenderse como un simple apéndice de la celebración ni como un recurso de animación, sino como una parte esencial de la acción ritual. Alcalde (1997) afirma que “el canto, como parte necesaria e integrante de la liturgia y no como adorno estético, es un medio apto y singular tanto para la expresión y celebración de la fe como para la participación plena y consciente de los fieles en la liturgia”. Desde esta perspectiva, se desprende un principio fundamental: no se canta “en la Misa”, sino que la Misa misma se canta. Por ello, cada texto que se entona constituye una profesión clara de la fe de la Iglesia, y en consecuencia, no cualquier canto es adecuado para la celebración eucarística, sino únicamente aquellos que expresan auténticamente la fe, están confeccionados para ello y se integran en la dinámica ritual.

El canto litúrgico es un puente entre la liturgia y el Pueblo de Dios. A principios del siglo pasado, san Pío X advertía que la participación activa de los fieles debía ser una prioridad pastoral, intuición que marcaría profundamente la pastoral litúrgica del siglo XX. Pío X (1903) afirma:

“Siendo, en verdad, nuestro vivísimo deseo que el verdadero espíritu cristiano vuelva a florecer en todo y que en todos los fieles se mantenga, lo primero es proveer a la santidad y dignidad del templo (…) donde los fieles se juntan precisamente para adquirir ese espíritu en su primer e insustituible manantial, que es la participación activa en los sacrosantos misterios y en la pública y solemne oración de la Iglesia. Con este motivo (…) estimamos conveniente señalar con brevedad los principios que regulan la música sagrada en las solemnidades del culto”. (s. p.)

En el fondo, se trata de proteger la celebración litúrgica, salvaguardando su naturaleza dialogal, ritual y participativa, la cual está estructurada para el canto. Al mismo tiempo, dado que el canto litúrgico es un acto de culto, debe evitarse cualquier forma de abuso que distorsione su función ministerial. Sacrosanctum Concilium recuerda que “la tradición musical de la Iglesia universal constituye un tesoro de valor inestimable (…) porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la liturgia solemne” (SC 112). Descuidar el canto litúrgico implica, en última instancia, descuidar la integridad de la fe que la liturgia expresa, celebra y transmite.

2. Tipos de cantos litúrgicos de la Misa

2.1. El Ordinario de la Misa (partes invariables de la Misa)

El Ordinario de la Misa comprende los cantos rituales invariables de la celebración. Alcalde (1997) explica que “el Ordinario de la Misa (Kyrie, Gloria, Credo, Santo y Cordero de Dios) y las aclamaciones constituyen desde los comienzos el canto más propio de la asamblea. Poco a poco fueron dejando de ser el canto de la asamblea, al enriquecerse las melodías con sus ‘melismas’ e irrumpir la polifonía, asumiéndolo la schola”. Estos cantos deben respetar íntegramente el texto litúrgico oficial, y su musicalización ha de ajustarse a los principios fundamentales del canto litúrgico: santidad, bondad de las formas, conformidad con la dinámica ritual y legítima inculturación. Juan Pablo II (2003) recuerda que la música sagrada “tiende a su mismo fin, el cual consiste en la gloria de Dios y la santificación y edificación de los fieles”, y que solo puede entrar en la celebración aquello que posea “sentido de oración, dignidad y belleza” (s. p.). Por ello, la composición y selección de los cantos del Ordinario no es un asunto estético, sino una cuestión de fidelidad ritual y doctrinal.

2.2. El Propio (partes variables según el día)

El Propio del Tiempo y de los Santos comprende los cantos que dependen del día litúrgico y acompañan diversos ritos: entrada, salmo responsorial, aclamación antes del Evangelio, ofertorio, comunión y, cuando está prevista, la secuencia. Juan Pablo II (2003) recuerda que “la música litúrgica debe responder a sus requisitos específicos: la plena adhesión a los textos que presenta, la consonancia con el tiempo y el momento litúrgico al que está destinada, y la adecuada correspondencia a los gestos que el rito propone” (n. 5). Estos cantos tienen su fuente específica en el Gradual Romano o en el cantoral litúrgico nacional, y su selección debe garantizar fidelidad al texto oficial y adecuación ritual coherente con el misterio celebrado.

3. ¿Cuándo se canta?

Lo ideal es que la Misa sea cantada de manera integral; sin embargo, por diversas circunstancias se pueden seguir los criterios que ofrece la OGMR 40:

Primero, no es obligatorio cantar todo, pero el canto no debe faltar, especialmente los domingos y fiestas de precepto.

Segundo, si se debe elegir, se prioriza lo más importante, particularmente aquello que implica respuesta o participación activa del pueblo.

Entonces… ¿qué pasa en Cuaresma? En Cuaresma no se prohíbe el canto. Lo que la OGMR manda es la omisión del Gloria (n. 53), del Aleluya (n. 62) y la moderación en el uso de instrumentos musicales (n. 313). No se trata de suprimir la música, sino de evitar un uso ornamental o exuberante. La sobriedad cuaresmal busca purificar la expresión, no empobrecer la celebración. El canto litúrgico permanece plenamente vigente, pero debe estar acorde al tiempo que se celebra.

Conclusión

El sacerdote puede discernir qué partes cantar según las circunstancias pastorales y la realidad concreta de la asamblea; sin embargo, no es correcto omitir el canto por una supuesta razón penitencial general. La Cuaresma no silencia la liturgia: la purifica. La sobriedad la ordena, pero la Iglesia sigue cantando su fe incluso en el desierto. Cuando la Iglesia ora, también canta… y cuando canta, confiesa la esperanza.

        Referencias:

Alcalde, A. (1997). La pastoral del canto litúrgico. Sal Terrae. 

Pío X. (1903). Tra le sollecitudini: Motu proprio sobre la música sagrada. Vaticano. https://www.vatican.va/content/pius-x/es/motu_proprio/documents/hf_p-x_motu-proprio_19031122_sollecitudini.html

Concilio ecuménico Vaticano II, constitución sobre la sagrada liturgia Sacrosanctum Concilium, 112. Constitución <i>Sacrosanctum Concilium</i> sobre la sagrada liturgia

Juan Pablo II. (2003). Quirógrafo para el centenario del Motu Proprio “Tra le sollecitudini” sobre la música sagrada. Vaticano. https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/letters/2003/documents/hf_jp-ii_let_20031203_musica-sacra.html



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